Qué sería de mi vida y de mi gusto por la literatura sin la influencia del señor Lens (enormísimo profe de Literatura en el instituto) y, por supuesto, del no menos enormísimo cronopio del señor Cortázar.
Cada dos años, más o menos, vuelvo a Rayuela y me emociono desde la risa hasta la lágrima en la misma página, algo que ningún otro escritor ha conseguido conmigo jamás.
De Lens guardo el recuerdo de sus clases divertidas, la ironía era su segunda piel, de su voz profunda que con cualquier lectura o explicación te fijaba al asiento, y de la facilidad para transmitir amor hacia cualquier texto escrito.
Cortázar... a los cronopios es muy difícil definirlos, digámosle sólo "buenas salenas, cronopio, cronopio". Él lo entenderá.


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