jueves, 22 de marzo de 2012

Foto

Tengo una foto en mi casa que me gusta mucho. Es de hace unos años. Estoy con mis hermanos. Todas las fotos en las que salíamos los tres eran de cuando éramos pequeños y yo quería una en la que ya se nos viera adultos, así que un día llevé la cámara a casa de mis padres, sabiendo que comíamos todos allí, y le pedí a alguien que nos hiciera la foto.

Esta, en sí misma, no vale mucho. Juan sale con cara de asco, Amancio con los ojos cerrados y yo como si estuviera pidiendo permiso para posar en ella.

Pero hay un par de detalles de esta foto que me encantan: estoy con mis hermanos, dos de las personas más importantes de mi vida, y aparece Marcos. Él tendría unos cuatro o cinco años y se suponía que sólo íbamos a salir nosotros tres, pero dijo que él también quería salir en la foto. Así que allí se plantó, comiéndose unas galletitas y mirando a la cámara de medio lado, como si fuera tímido. Entonces me daba por la cintura y hoy me saca la cabeza, el cuello y parte del tronco, pero para mí siempre será aquel niño de ricitos rebeldes con cara de pillo que se colaba en las fotos y nos hacía reír con sus palabras inventadas.

Miro esta foto a menudo. La tengo en el salón de mi casa y cada vez que me siento a leer un libro o a ver la tele me coincide enfrente de la mirada. Y cada vez me gusta más. A medida que pasa el tiempo y lo noto, sobre todo en Marcos que crece y no sólo en altura.

Un día de estos tendremos que repetir la foto de los tres hermanos. Espero que Marcos se cuele en ella, aunque tendrá que ponerse detrás de nosotros para no taparnos a todos.
© Chulihorro

sábado, 17 de marzo de 2012

Sequía

Por fin, después de tanta sequía, llegó el agua.
sentarte tras una ventana con un cigarrillo en la mano y una taza de té caliente en la otra y ver caer las gotas resbalar por el cristal.
sentir el calor de la calefacción encendida y ver cómo fuera se desata un pequeño diluvio de escasos minutos de duración.


Finalmente sale el sol, pero ya unas nubes no muy lejanas, anuncian más agua en el horizonte. Y por primera vez en mucho tiempo poder sentir el aroma a tierra mojada. Tierra recién bañada por este agua añorada tanto tiempo.
Y, también por primera vez en mucho tiempo, no importarte nada en absoluto que afuera esté lloviendo. Regocijarte con la lluvia que encharca y moja con su triste monotonía. Al contrario, temer que sean sólo unas gotas pasajeras, una mala tarde, un mal momento.
Observar el cielo preñado de agua y ansiar que se rompan de nuevo las nubes y desborden los pozos, los solares, las aceras.


Buscar el paraguas para salir de casa - pero dónde lo habré metido? - después de tanto tiempo. Correr bajo la lluvia para no mojarte, evitando los pocos charcos que se han formado. Y en vez de enfadarte, como siempre cuando llueve, animar al cielo con la mirada a que siga lloviendo.


Sí, por fin después de tanta sequía, llegó el agua. Veremos cuánto dura.
© Chulihorro

viernes, 16 de marzo de 2012

solpor

Ás veces o ceo sorpréndeche cunhas luces incribles. Unha tarde de verán de hai uns anos, logo dunha tormenta desas nas que non sabes se vai acabar e que a min tanto me arrepían, o ceo descubriuse con este marabilloso solpor. O anaquiño de ceo que podía ver dende a miña casa era un fabuloso espectáculo de cor. Fería mirar para el. Pero non puiden deixar pasar a ocasión de coller a miña cámara, que é ben cativa, e facer esta foto. A min paréceme fermosa, pero queda curta ante o esplendor que se me ofrecía.
© Chulihorro